Porque cuando se crea la manía de mirarlo y mirarlo, vas perdiendo el dominio de tus ojos y la vergüenza. Te limitas a poner tus ojos sobre él sin importar que sean minutos, sin importar quién este detallando tu minuciosa observación hacia su cara. Empiezan a encantarte de tal manera sus rasgos, que un día cualquiera, amaneces combinando tu ropa con el color de su mirada. Ese color que describe magníficamente la perfección de su persona al llevarlo a diario en su mirada.
Lf
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