Cerca ya de medianoche, en esas horas en que todo se vuelve dolorosamente nítido o angustiosamente desdibujado.
domingo, 2 de diciembre de 2012
¿Qué hago echándote la culpa?, ¿qué hago? Me lavo las manos. Me las lavo porque no soy capaz de captar mi propia responsabilidad en este asunto. Solo puedo denominarlo como vergonzoso, se lo atribuiré a mi falta de tacto, y diría que, de una u otra manera, en el momento en que pise este cielo de madera –suena a incoherencia de mi parte, pero ya entenderás— yo tenía en reserva todas las consecuencias que contraía quererte. Te lo dije, jamás fui una buena opción de bando.
"Doliéndome como me dolés, no me dejás fuerzas para echarte, hacerte una despedida, agarrarte por la cintura, que cierres los ojos y murmures mi nombre, dormir en el sofá, levantarnos, hacerte el desayuno y que cruces la puerta. Doliéndome como me dolés, no tengo ganas de despedirme. Pero tampoco que te sigas quedando acá. ¿Y qué hacer?. Entre tira y afloje, me voy esfumando, y vos también. No quiero cerrar los ojos, y no acordarme de un dolor así. No sé si podés entenderlo. Porque yo no. No tiene sentido. No tenemos. Y yo que le encontraba tanto… O al menos siempre tenía la fuerza para inventarlo. Fuerza, invento, imaginación, deseo. Eso está faltando. Los encerraron, les cortaron las patitas…"
¿Somos carne y huesos? Yo diría que eso es solamente una forma, un difraz, un cascarón de algo que al parecer está más allá de lo que el hombre pudiera conocer, porque quizás no lo comprendería, o si llegara a comprenderlo, entonces se perdería para siempre en la densa niebla de la locura. Por tal razón cuando paso por el espejo y me veo, digo: ¡miráte! ¡ese eres tú! sin sondear mucho a través de la forma, ya que temo mucho en nunca encontrarme.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Nos duele tanto separarnos porque nuestras almas están unidas. Es probable que siempre lo hayan estado y que siempre lo estén. Quizá hayamos vivido mil vidas antes que esta y nos hayamos encontrado en cada una de ellas. Y hasta es posible que en cada ocasión nos hayamos separado por los mismos motivos. Eso significa que este adiós es a un tiempo un adiós de diez mil años y un preludio de lo que vendrá. Cuando te miro, contemplo tu belleza y tu gracia y sé que han crecido con cada vida que has vivido. También sé que te he estado buscando durante todas mis vidas anteriores. No buscaba a alguien como tú, sino a ti, pues tu alma y la mía están destinadas a estar juntas. Y sin embargo, por razones que escapan a nuestro entendimiento, nos han obligado a despedirnos. Me gustaría decirte que todo se arreglará entre nosotros, y te prometo hacer lo que esté en mis manos para que así sea. Pero si no volvemos a vernos y esta es una verdadera despedida, sé que nos reencontraremos en otra vida. Volveremos a encontrarnos, y aunque las estrellas hayan cambiado, no nos amaremos sólo por esa vez, sino por todas las veces anteriores.
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