lunes, 21 de mayo de 2012

No te quedes quieto mirándome como si quisieras decirme que hay demasiadas cosas mudas debajo de lo que se dice.

Nunca habían sobrado tanto las palabras como en esos dos minutos, donde aquél par de extraños cruzaron sus caminos sin tocarse pero con la sensación de haberse recorrido por completo.

Desde hoy soy la que nunca fui, mi almohada y yo nos cansamos de tantas conversaciones vacías donde siempre eras el centro de todo, mis palabras ya no se convierten en mascaras que representan muy poco lo que soy, en lo que me he convertido, paso a paso voy llegando a la lucidez, la cual siempre trate de evitar, pero nunca se canso de buscarme. Mi melancolía es mi mejor aliada esta noche y me ayuda a comprender cuan poco te entendía en realidad, eras solo ilusiones y falsedades en un cuerpo, un cuerpo que me hacia sentir muy bien, más de lo que pude imaginar, un cuerpo que logre querer de maneras no posibles, maneras que hacían alucinar cada vez que me tocaban mas partes por descubrir. 
Tu mirada se ha vuelto opaca, llena de colores que no me llaman la atención, llena de tanto dolor que provoca llorar cada vez que te miro, hay tanta mentira conservada allí, tanto olvido añorado. Los cadáveres de todos mis sueños se cansaron de dormir conmigo, la imagen en mi espejo dejo de hablarme, y tú, me diste el certificado de olvidarte.
Dibi

¿Viste cuando en medio de la noche te tomás 45 segundos para mirarla, cuando antes de cumplirse el minuto sonreís y luego apagas la luz para volver a sonreír y así terminar tu día?, ¿O cuándo queréis besarla pero no podés dejar de acomodar una y otra vez su pelo detrás de la oreja?

Cuando la monotonía llega y se instala, nos empezamos a poner viejos. Se van las aventuras, los olores a perfume, las cenas en cualquier banca callejera, las palabras a media noche. Las miradas nuevas nos rehuyen, los besos que nos faltan van dando pasos en reversa y al final de un túnel medio blanco, medio gris, quedamos nosotros dos, sentados y aburridos, recitando guiones que construimos cuando éramos jóvenes y atrevidos. Quizá no te hecho tanto de menos. Quizá sea la falta de normalidad después de pasar página sea una excusa que me inyecto para no aceptar que nos volvimos viejos, aburridos y grises. Ya no quiero tus hola cómo estás de cajón, no me hacen falta. Lo que quisiera, en cambio, sería que algún día futuro, tú me volvieras a saludar. 
Letras en desorden.

Como aquel verano azul que se nos fue de las manos…

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completarlo que nos falta.

sábado, 19 de mayo de 2012

Ya que no se me da eso de expresarme con la voz, me dedico a escribirte una carta como esta, de las que no se leen y terminan en la bolsa de la basura junto a los restos de un día como el miércoles. Lamento que las cosas estén tan de extrañas que ni mirarnos podamos. Que se va a hacer cuando has sido tú el artífice de madrugadas infinitas y labios rotos de deseo. Me sacaste palabras atoradas que me negaba a pronunciar y nunca nadie me había atravesado como tú cuando me mirabas. Fuiste tú, querido, el protagonista de tantas primeras veces que es justo y necesario que te dedique un par de líneas ahora que el polvo de estrellas no da para más y la magia ha recogido sus maletas y se ha ido por el mismo camino por donde llegó. Quizá no fue amor duradero, del que te lleva a cambiarte por otra persona y te ata sonrisas en el rostro. Quizá no fue esa clase de amor y yo no me quejo, ni me arrepiento ni me entristezco. Quizá nosotros no somos esa clase de personas que va por la vida entregando el corazón a extraños para que los cuiden. Quizá no damos para ser retratados en postales ni nos hacemos ilusiones más allá de lo que pueda pasar en las noches. Quizá nos queremos demasiado para confiar el uno en el otro. Qué sé yo. A estas alturas sé mucho de todo y nada de nada. ¿Pero tú? Todavía me asombras. No he logrado descifrarte y vaya si lo he intentado. No entiendo tus miradas ni tus silencios ni lo poco que me dices cuando intentas decir mucho. Y quizá por eso no funcionamos a la luz del sol, porque ambos estamos arropados con el mismo manto de misterio y miradas que nos calla la boca. Y quizá por eso nos va mejor cuando lo que menos hacemos es hablar. Ya no damos para más cariño, aceptémoslo. Se nos agotó la sabia juventud y empezamos a pensar demasiado… Es cierto, aún nos queda un mañana por la noche, un viernes de compañía, una llamada desesperada… Aún nos queda el recuerdo de aquella luna llena cuando nos comimos a miradas.
Letras en desorden
Uno de esos días en los que la vida te lanza al piso, te patea hasta el cansancio y te manda directo al hospital, conocí a la persona más feliz del mundo. Ella era una chica singular, de esas que te saluda y pasa inmediatamente a ser un recuerdo. De esas que te saluda y se vuelve inolvidable. Ella era la chica más feliz del mundo y su sonrisa impecablemente blanca me golpeaba la cara cada lunes en la mañana, cada martes en la tarde, me daba consejos mudos, me levantaba el ánimo, e iluminaba cualquier rincón oscuro que el sol pasara por alto.
Ella era la persona más feliz del mundo y aún así tenía problemas infinitos, como su alegría desbordante y un día cualquiera, la ví llorar. Fue testigo de como sus sonrisas bulliciosas se convertían en lágrimas asfixiantes, fue mi hombro el que le hizo compañía a sus ojos húmedos y así como destruía mis rutinarias semanas con un abrazo, esa noche me contó su historia sin decirme nada. Fue viernes hasta las 12 y yo estaba siendo testigo de como la persona más feliz del mundo se deshacía en lágrimas, como me agradecía con los ojos rojos estar ahí sosteniéndole la cabeza mientras ella dejaba que su alegría se tomara un receso.
Ella era la persona más feliz del mundo y el lunes siguiente me saludó como siempre, como si nunca hubiese llorado, como si su risa se hubiese fortalecido con cada lágrima que quedó en mi hombro. Y me volvió a contagiar, me volvió a solucionar mis problemas y me dijo que los lunes son sólo el primero de cinco pasos para llegar al fin de semana. Y sonreí con el recuerdo de su llanto nocturno y secreto.
Ella era la persona más feliz del mundo y yo la vi llorar una vez.
Monilandia

Y supe que nunca seria mio, que le habia perdido antes de empezar…

Déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

Agonizo de dos en dos. Recordar es morir un poco y llorar posiblemente sea la mejor medicina. ¡Cómo quisiera no tener que extrañar a más nadie! Pero el cementerio está lleno de personas sin recuerdos y no quiero ser uno de ellos. No todavía. Nos volvemos extraños de a poco. El maldito tiempo nos sostiene de las espalda y se divierte con nosotros cuando no tiene amores que borrar o alguna que otra queja de arrepentimiento. No sé. Me duele el pecho ¿sabes? Pero puede ser el asma o la falta de aire caliente. El invierno me duele cada día más y mis almohadas ya se niegan a escucharme. Discúlpame mujer, ya no soy capaz de entablar conversaciones sin sentirme fuera de lugar. No logro dar la hora o los buenos días…. Los recuerdos me están acribillando la poca razón que me queda y quizá por eso escribo monólogos que volveré a leer apenas aparezca algún punto final. Miento, no me creas nada de lo que digo. Es muy temprano y no estoy distraída tratando de acordarme del sueño de anoche. Creo que soñé con él, menuda distracción lo que puede uno ver en cuatro horas de sueño. 
Letras en desorden
Hay veces que se me acaban los sentimientos, las hojas, los lápices. Las lámparas se quedan sin pila, los recuerdos se van de vacaciones, mi casa se llena de extraños, mi teléfono te llama por costumbre, las velas aborrecen el fuego y a la luna se le vence la visa universal.  
Hay otras veces, sin embargo, en que busco excusas para no escribir. 
Letras en desorden