Agonizo de dos en dos. Recordar es morir un poco y llorar posiblemente sea la mejor medicina. ¡Cómo quisiera no tener que extrañar a más nadie! Pero el cementerio está lleno de personas sin recuerdos y no quiero ser uno de ellos. No todavía. Nos volvemos extraños de a poco. El maldito tiempo nos sostiene de las espalda y se divierte con nosotros cuando no tiene amores que borrar o alguna que otra queja de arrepentimiento. No sé. Me duele el pecho ¿sabes? Pero puede ser el asma o la falta de aire caliente. El invierno me duele cada día más y mis almohadas ya se niegan a escucharme. Discúlpame mujer, ya no soy capaz de entablar conversaciones sin sentirme fuera de lugar. No logro dar la hora o los buenos días…. Los recuerdos me están acribillando la poca razón que me queda y quizá por eso escribo monólogos que volveré a leer apenas aparezca algún punto final. Miento, no me creas nada de lo que digo. Es muy temprano y no estoy distraída tratando de acordarme del sueño de anoche. Creo que soñé con él, menuda distracción lo que puede uno ver en cuatro horas de sueño.
Letras en desorden
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