La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. La gente grita que quiere crear un futuro mejor, pero eso no es verdad, el futuro es un vacío indiferente que no le interesa a nadie, mientras que el pasado está lleno de vida y su rostro nos excita, nos irrita, nos ofende y por eso queremos destruirlo o retocarlo. Los hombres quieren ser dueños del futuro sólo para poder cambiar el pasado. Luchan por entrar al laboratorio en el que se retocan las fotografías y se rescriben las biografías y la historia. 
Milan Kundera
Sé que un día llegué a París, sé que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven. Sé que salías de un café de la rue du Cherche-Midi y que nos hablamos. Esa tarde todo anduvo mal, porque mis costumbres argentinas me prohibían cruzar continuamente de una vereda a otra para mirar las cosas más insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya no recuerdo. Entonces te seguía de mala gana, encontrándote petulante y malcriada, hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metíamos en un café del Boul Mich y de golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida. 
Julio Cortázar
Insomnio, cada día, a las dos de la tarde, cuando el reloj marca la hora de una forma inusual, los niños corren y se bañan con su balón rojo, profesores deciden que es hora de dejar de soñar, pero yo.. No puedo, para soñar hay que dormir, aunque sea un poco.
No se si el tiempo me esta dejando atrás o yo a el, y si hay momentos donde no puedo reconocerte, ni encontrarte.
Dibi
La mayoría de los lectores ha olvidado el placer que encierran los relatos breves. Leer una buena novela larga es, en muchos aspectos, como mantener una larga, grata relación amorosa.  Un cuento corto es algo por completo distinto: podría compararse con un beso dado apresuradamente en la oscuridad a una desconocida. Una cosa así no tiene nada que ver, claro está, ni con una relación amorosa ni con un matrimonio; pero hay besos maravillosos, y su propia brevedad explica su atractivo.
Stephen King
"Es escarchada, está roja.. Casi no brilla.. Ha caído en el suelo, está mojada, parece que tiene un vidrio encima, parece que no quiere que le vea."
Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. ¡Cuántas veces en la vida nos ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiésemos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca sabemos si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.
Ernesto Sábato, La Resistencia. 
"Agarraste mi mano, dándome a entender que bajara un poco la voz, y te quedaste ahí. Me solté, como gatito indefenso haciendo lo posible para escaparse entre hilos de lana (hilos de su color y textura preferida). Y lo que en verdad quería hacer era abrazarte. Sentirte un poquito más, un poquito menos, me iba a dar igual. Sentirte. Qué me acaricies la espalda, sentir la lana de tu polera amarilla, que vos sientas mi perfume, mi mezcla de perfumes. Imaginé que una vez que te abrazara no solo querías que baje la voz, si no, además, que me quedara un rato ahí. Imaginé qué me murmurabas algo, un quédate, un no te vallas, un te estaba buscando. Un "no me sueltes".  Algo. Pero era solo eso. Yo solo imaginaba."
- ¿Y cómo fue?.
- Me volví… No sé muy bien la palabra, se me fue olvidando con el tiempo. Será que no me gusta oírme decirla, así como tampoco oírte diciendo barbaridades.
- Abuelo, las barbaridades aveces son necesarias.
- Eso puede ser verdad. Pero no si te las decís a vos mismo.
- No lo discuto. Ahora dime, ¿Cómo fue?.
- Uh… -suspira vagamente y toma mate- Un día, me levante menos yo que el día anterior, me levanté nuevo, me levanté feliz. Contento, me fui a correr por el parque, y entonces me encontré con una nueva chica, simpática, graciosa, inteligente, todo ocurrió de repente. Me había enamorado en tan solo tres horas, dos de charla y una de… Bueno, y solo ocurrió. Me sentí muy feliz, muy contento, tu abuela es una mujer increíble. Y sin embargo, ese día, el más feliz de mi vida, fue a su vez el más triste.
- No entiendo como pudo ser el más triste.
- Olvide un viejo amor. Me lo arrancaron de repente, me sentí desnudo, un bebe en otra casa que no fuera la suya. La olvide así como así, y la llore. En silencio. Con felicidad, pero la llore mucho. Será que la había amado mucho, solo sé que ese día, el mismo que encontré una nueva felicidad, y quizá la verdadera, fue uno de los días más grises de mi vida. Pero será esa la magia de la vida.

viernes, 27 de julio de 2012

Aquí hay espacio exclusivamente para dos, así que solo te acepto a ti y a ese brillo que poseen tus ojos, a tu sonrisa tonta diciendo que olvide todo y te siga, a tu mano que me susurra lo bien que me haces... Así que tomo decisiones, sin saber como resultaran, pero con una muy buena idea acerca de que es lo que quiero, y por supuesto, te quiero a ti, a tu aroma que se impregna cada vez mas en mi día, a tantas conversaciones vacilantes, a cada cita predestinada en aquel lago azul, a todo lo que conlleva tu nombre.
Quizás nada esta seguro del todo, y mañana sea un nuevo día sin tu recuerdo, pero quizás también ese día se encuentre contigo y las mil maneras más que me hacen sonreír. Y ahora todo tiene sentido, y cada letra por fin entiende el porque de tanto tiempo, de tanto silencio.
Dibi
Sabes, me das una especie de felicidad funcional, de razonable humanidad cotidiana, y es mucho, y te lo debo solamente a ti que eres como un caballito fragante. Pero hay momentos en que me siento un cínico, en que los tabúes de la raza me muestran las pinzas; entonces pienso que hago mal, que te cosifico, si me permites el término, que abuso de tu alegría, te pongo ahí y te aparto, te tapo y te destapo, te llevo conmigo para después dejarte caer cuando es la hora de estar triste o estar solo. Y tú en cambio jamás has hecho de mí un objeto, a menos que en el fondo me tengas lástima y me guardes como una buena acción cotidiana, tu mérito de girl-scout o algo así.
Julio Cortázar
Me ocurría a veces que todo se dejaba andar, se ablandaba y cedía terreno, aceptando sin resistencia que se pudiera ir así de una cosa a otra. Digo que me ocurría, aunque una estúpida esperanza quisiera creer que acaso ha de ocurrirme todavía. Y por eso, si echarse a caminar una y otra vez por la ciudad parece un escándalo cuando se tiene una familia y un trabajo, hay ratos en que vuelvo a decirme que ya sería tiempo de retornar a mi barrio preferido, olvidarme de mis ocupaciones (soy corredor de bolsa) y con un poco de suerte encontrar a Josiane y quedarme con ella hasta la mañana siguiente. Quién sabe cuánto hace que me repito todo esto, y es penoso porque hubo una época en que las cosas me sucedían cuando menos pensaba en ellas, empujando apenas con el hombro cualquier rincón del aire. En todo caso bastaba ingresar en la deriva placentera del ciudadano que se deja llevar por sus preferencias callejeras, y casi siempre mi paseo terminaba en el barrio de las galerías cubiertas, quizá porque los pasajes y las galerías han sido mi patria secreta desde siempre. 
Julio Cortázar

miércoles, 25 de julio de 2012

Es imperdonable ser poeta y no hablar de tus ojos. 
-Mo
Hoy encontré en el espejo esa mirada que creía perdida. La del niño que suspira frente a la vidriera de una librería. 
-Mo
Asunto: Falta algo
Cuando pasan tres días sin que me escriba, siento dos cosas: 1) me extraña mucho, 2) echo en falta algo. Ambas cosas son desagradables. ¡Póngales remedio!
Daniel Glattauer
Nunca sé despedirme de ti, siempre me quedo con el frío de alguna palabra que no he dicho, con un malentendido que temer, ese hueco de torpe inexistencia que a veces, gota a gota, se convierte en desesperación. Nunca se despedirme de ti, porque no soy el viajero que cruza por la gente, el que va de aeropuerto en aeropuerto o el que mira los coches, en dirección contraria, corriendo a la ciudad en la que acabas de quedarte. Nunca sé despedirme, porque soy un ciego que tantea por el túnel de tu mano y tus labios cuando dicen adiós, un ciego que tropieza con los malentendidos y con esas palabras que no saben pronunciar. Extrañado de amor, nunca puedo alejarme de todo lo que eres. En un hueco de torpe inexistencia, me voy de mí camino a la nada.
Luis G. Montero
Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos "Republicana" y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, palabras que dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida de la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ése fue el día en el que empezó la suerte. Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas la cosas, cada vez mejores, que nos van a pasar). 
No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido. 
Eduardo Galeano
Sé que es difícil no tratar de parecer obsesionado, pero quiero que te enteres de que tienes toda mi atención. Que me importas. Nunca imaginé que al tomarte de la mano iba a sentirme astronauta, ni que en un beso tuyo podría volar, pero ya ves, aquí estoy, con supernovas en el estómago. Porque estoy va más allá de sentir mariposas. Y no sé si és que me lo imagino o en realidad pasa, pero siento que vuelo cuando bailo contigo, y que sólo podría sentirme perdido si me sueltas la mano. En serio, no hay peor ciego que el que no te quiera ver. Y yo me siento el más afortunado del mundo cuando veo que tú me miras a mí. Le daría la vuelta al mundo para abrazarte por la espalda, y al hacerlo, te contaría todo lo que ha sido de mí pensando en ti en el camino que tomé. Y te seguiría abrazando, y te diría que vales las vueltas al mundo que hagan falta para abrazarte por todos tus lados, y que no importa otra cosa que el momento en el que estoy contigo cuando me dedico a estar contigo de cualquier medio posible. Te diría con la fuerza de mi corazón y con la delicadeza de un susurro en el oído que, pase lo que pase yo te voy a querer.
J. Porcupine 

Y ese fue el minuto donde la mitad de mi corazón se fue sin mirar atrás , fue el minuto donde yo me quede parado y dije… Y ahora solo tengo una mitad para repartir.
Cada persona que se va , se lleva un trozo de tu corazón , nunca lo recuperas , aprendes a vivir sin una parte , para después compartir la que te queda , arriesgándote de nuevo o complementándola simplemente con alguna que busque lo mismo que tu. Amor..
"Y ese fue el minuto donde la mitad de mi corazón se fue sin mirar atrás, fue el minuto donde yo me quede parado y dije… Y ahora solo tengo una mitad para repartir."
Todas las mañanas compro el periódico y todas las mañanas, al leerlo, me mancho los dedos con tinta. Nunca me ha importado ensuciármelos con tal de estar al día en las noticias. Pero esta mañana sentí un gran malestar apenas toqué el periódico. Creí que solamente se trataba de uno de mis acostumbrados mareos. Pagué el importe del diario y regresé a mi casa. Mi esposa había salido de compras. Me acomodé en mi sillón favorito, encendí un cigarro y me puse a leer la primera página. Luego de enterarme de que un jet se había desplomado, volví a sentirme mal; vi mis dedos y los encontré más tiznados que de costumbre. Con un dolor de cabeza terrible, fui al baño, me lavé las manos con toda calma y ya tranquilo, regresé al sillón. Cuando iba a tomar mi cigarro, descubrí que una mancha negra cubría mis dedos. De inmediato retorné al baño, me tallé con zacate, piedra pómez y, finalmente, me lavé con blanqueador; pero el intento fue inútil, porque la mancha creció y me invadió hasta los codos. Ahora, más preocupado que molesto llamé al doctor y me recomendó que lo mejor era que tomara unas vacaciones, o que durmiera. Después, llamé a las oficinas del periódico para elevar mi más rotunda protesta; me contestó una voz de mujer, que solamente me insultó 
y me trató de loco. En el momento en que hablaba por teléfono, me di cuenta de que, en realidad, no se trataba de una mancha, sino de un número infinito de letras pequeñísimas, apeñuscadas, como una inquieta multitud de hormigas negras. Cuando colgué, las letritas habían avanzado ya hasta mi cintura. Asustado, corrí hacia la puerta de entrada; pero, antes de poder abrirla, me flaquearon las piernas y caí estrepitosamente. 
Tirado bocarriba descubrí que, además de la gran cantidad de letras-hormiga que ahora ocupaban todo mi cuerpo, había una que otra fotografía. Así estuve durante varias horas hasta que escuché que abrían la puerta. Me costó trabajo hilar la idea, pero al fin pensé que había llegado mi salvación. Entró mi esposa, me levantó del suelo, me cargó bajo el brazo, se acomodó en mi sillón favorito, me hojeó despreocupadamente y se puso a leer.
Guillermo Samperio
Esta eres tú. Los ojos cerrados, bajo la lluvia. Nunca imaginaste que harías algo así. Nunca te habías visto como... no sé cómo describirlo... como una de esas personas a las que les gusta la Luna, o que pasan horas contemplando el mar, o una puesta de Sol. Seguro que sabes de qué gente estoy hablando. O tal vez no. Da igual, a ti te gusta estar así. Desafiando el frío, sintiendo cómo el agua empapa tu camiseta y te moja la piel, y notar cómo la tierra se vuelve mullida bajo tus pies, y el olor, y el sonido de la lluvia al golpear las hojas... Todas esas cosas que dicen los libros que no has leído. Esta eres tú. ¿Quién lo iba a decir? Tú...
Mi vida sin mí.
Y verás que yo también he dibujado, no en papel, en mente y corazón, aquel instante en el que mi mano se desliza por la tuya, sin prisa, para que después de tan bonito viaje, encuentre la manera de encajar tan perfectamente con la tuya, y así, tan pronto sea así, estrecharla y hacerte sentir que estoy ahí, que te quiero ahí, que nos quiero así.


El chico de los ojos miel.
Y es que  amaba el parecido del amarillo de mi cielo con el color de tu mirada.
Cuando te elevas, cuando pasan por ti esas nubes soñadoras que van de prisa recorriendo cada uno de tus pensamientos, invitándote a vencer tus miedos, es cuando te atreves a tomar el lápiz y pintar en tu futuro lo que más añoras. Yo lo pinté a él. Le pinte sus ojos con color a otoño... amarillos como el cielo de el atardecer que tanto he soñado ver, le pinté una a una las pecas que le rodeaban su cara. Ellas, ellas son tan sutiles, tan diminutas, tan acorde a sus facciones. Le pinte mi mano sujetada a la suya, lo pinté conmigo. 
De repente, descubres que no hay nada a blanco y negro ya, descubres que, eso que has dibujado se ha convertido en el sueño de tu alma, en tu promesa, y decides apropiarte de ella, decides vivirla y respirar el aire que va a llenarte las entrañas, las palabras que llenarán un libro entero de historias. El mientras tanto, las dibuja, las tatúa una a una en mi espalda, en mis manos, como si quisiera hacer de mi cuerpo un mapa, como si pretendiera guiarse por las huellas que han dejado ya sus manos.
Ya después, te das cuenta que necesitas un viaje diario, y fijas en tu reloj una hora exacta, un tiempo justo para que esa nube que se esfuma tan intrépida , tan audaz entre cada una tus realidades o cada una de tus fantasías, que solo comparte contigo momentos efímeros, te lleve a sumergirte en pensamientos, en lugares, en miradas, que hacen parte del presente que deseas estirar hasta el final de tus memorias.

Thalita.

jueves, 19 de julio de 2012

¡Pero que manecillas tan lentas! Y cuando quiero que se queden así, como quien no quiere irse nunca, ahí si deciden correr, se esconden en algún lugar y hacen de mi momento, algo pasajero, que no es eterno, que ya no lo será. 
No tienen que recordarmelo, que yo lo se perfectamente.
Dibi
¡Oh, cuanta neblina habitando espacios no permitidos!
Es de noche y truena, fuerte, como cuando debes tener un abrazo contigo. Hay mucho silencio, y siento que me he quedado sola. El maullido de los gatos me levanta de mi sueño, ¡que cosas! siempre soñando despierta, siempre viajando a lugares tan lejos de aquí como pueda. Mi vida allá es muy diferente, no creo que nadie pueda reconocerme, o tal vez sí, tal vez sea la misma en cualquier lugar al que vaya.
Así que, llueve, y sigue haciéndolo.. aún. ¿Es compasión por tanta alma vacía e inhabitada? Si es así, no tienes ni idea de cuantos estamos agradecidos, o tal vez no, tal vez esto nos recuerda como es que nos sentimos por dentro, como cada gota representa lo que ya no es mio, que se ha perdido, que he regalado, que ya no me pueden devolver.
No no no no no, no estoy sola, ni vacia, ni inhabitada. ¿Estoy aquí, no?, ¿estoy escribiendo, no? Ningún vació puede escribir asi.. Y menos en una noche tan mágica, las estrellas vinieron a presenciar tremendo espectáculo, me guiñan de vez en cuando, me acompañan en noches como hoy, me dicen que me arruye en mis acogedores pensamientos, en uno que otro beso que guardo, y que es así como debo dejar que pase la noche. No sin antes verte, pero puedo suponer que eso ya lo sabes.
Dibi

Y yo te miro y fumo y acaricio tu pelo enamorado.

¿Cuan oscuro puedes brillar hasta que dejen de conocerte?, sí, ni yo puedo responderme eso, ¿es tan difícil estar de acuerdo conmigo misma? Porque nunca lo logro, siempre enredada en pensamientos y confusiones, aunque debo reconocerlo, desde hace dos meses que mi cabeza se ha dado un descanso, la he mandado de vacaciones, ¿puedes creerlo? después de haberme prometido no volverlo a hacer, pero siempre esos muros que crees tan indestructibles se desmoronan en pedazitos, quedando solo el recuerdo permanente de haber creído que saldrías limpia esta vez.. Pero por ti, me ensucio aunque sea solo un poco, contigo dejo de malgastar esas partes de mi, que aceptándolo, son solo tuyas.. Puedo gritarlo ahora, que te quiero, que siempre lo he hecho, que por fin te he encontrado. Si puedes leer entre lineas sabrás que cada letra dice tu nombre y cada punto, que me deje de rodeos y te siga escribiendo. Solo a ti.
Dibi
Y de nuevo esta ahí, en cada rincón de mi pensamiento, en cada movimiento de reloj de esos que se cuelgan en la pared, en la brisa matutina y en la soledad de la noche, por eso es que en cada día el amanecer suena a millares de aves, por eso es que en cada día el amanecer huele a ti y a tu sonrisa. 

martes, 17 de julio de 2012

Sé que estoy por cambiar de piel, que estoy al borde de una nueva página, que todo lo anterior está por diluirse dentro de mí, que una vez que esto ocurra jamás volveré a verte como antes, que ninguna palabra que pronuncies podrá ya evitar lo que suceda mañana, que nosotros, como dos cometas que de la nada se acercaron, ahora habrán de separarse. Todo eso lo sé y lo reconozco, y mi cerebro lo tiene por cierto. Pero mi corazón, ay, mi tonto corazón está esperando que de pronto detengas tu andar, te vuelvas hacia mí y sin hablar nada, con tus ojos atravieses los míos hasta el alma, con tus manos hagas un castillo de caricias en mi cuerpo, con tu boca me cubras de besos como el mar cubre a la arena, con tus brazos alejes esta metamorfosis que me duele y desespera tanto. Sin embargo, nada de eso ha de ocurrir, nada de eso, sino, por el contrario, crisálida de amor, romperé mi encierro y saldré, ciega mariposa, volando hacia el cielo del desconcierto.
Mariel Paz
Fräulein Felice: 
Te pediré un favor que suena completamente loco, y que yo consideraría como tal si fuera quien recibe la carta. Es también el más grande test al que aún la más amable persona puede ser sometida. Bien, el favor es que me escribas una vez por semana, así tu carta llega el domingo, porque no puedo resistir tus cartas diarias, soy incapaz de resistirlas. Por ejemplo, yo respondo una de tus cartas, luego estoy acostado, aparentemente en calma, pero mi corazón late a lo largo de mi cuerpo entero y sólo es consciente de ti. Yo te pertenezco, realmente no hay otra manera de expresarlo, aunque no es suficientemente adecuada. Por esta importante razón no quiero saber qué estás usando; me confunde mucho y no puedo lidiar con mi vida; y por esto es que no quiero saber que tu me tienes cariño. Si lo hice, ¿cómo pude, tonto de mí, permanecer sentado en mi oficina, o aquí en mi casa, en vez de saltar dentro de un tren con los ojos cerrados y abrirlos solamente cuando esté contigo? Oh, hay una lamentable, triste razón para no hacerlo. Para ser breve: mi salud es apenas suficiente para seguir solo, pero no es buena para casarme, y dejemos a un lado a la paternidad. Aún cuando leo tus cartas, paso por alto hasta lo que no puede serlo. ¡Si sólo tuviera tu respuesta ahora y cuán horriblemente te atormento, y cómo te obligo, en la quietud de tu cuarto, a leer esta carta, tan desagradable como jamás ha estado en tu escritorio! ¡Honestamente, esto me golpea por momentos y quedo preso como un espectro de tu feliz nombre! Si sólo hubiera despachado carta el sábado, en la cual hubiera implorado que jamás me escribieras de nuevo, y en la cual te hubiera hecho una promesa similar. Oh Señor, ¿qué me impidió enviar esa carta? Todo estará bien. Pero, ¿hay una solución tranquila ahora? ¿Ayudará si nos escribimos una vez a la semana? No, si mi sufrimiento puede ser curado por algo semejante, quiere decir que no es serio. Y ya preveo que seré incapaz de soportar aún las cartas dominicales. Y así, para compensar por la oportunidad desperdiciada el sábado, te demando con la energía que me queda, en el final de esta carta: Si valoramos nuestras vidas, permitámonos abandonar todo. ¿Pienso que debo firmar "tuyo"? No, nada podría ser más falso. No, yo seré siempre esclavo de mí mismo, eso es lo que soy, y debo tratar de vivir con eso.
Franz 
Habían dormido con las cabezas tocándose y ahí, en esa inmediatez física, en la coincidencia casi total de las actitudes, las posiciones, el aliento, la misma habitación, la misma almohada, la misma oscuridad, el mismo tictac, los mismo estímulos de la calle y la ciudad, las mismas radiaciones magnéticas, la misma marca de café, la misma conjunción estelar, la misma noche para los dos, ahí estrechamente abrazados, habían soñado sueños distintos, habían vivido aventuras disímiles, el uno había sonreído mientras la otra huía aterrada, el uno había vuelto a rendir un examen de álgebra mientras la otra llegaba a una ciudad de piedras blancas.
Julio Cortázar, Rayuela.