Dedícame un poema de los que ya nadie lee, de esos que el abuelo le dedico a la abuela. Regálame un ramo de claveles y violetas, de preferencias marchitas y maltrechas; y utiliza la excusa de que no hay flor más bella que yo. Dedícame una canción de tu autoría y ponle por nombre el mío. Fotografíame de mañana sin el maquillaje que tanto detestas, y enmarca mi rostro soñoliento en algún lugar de tu corazón. Idiotízame con el poema, las flores y la excusa, la canción y el detalle del enmarque.
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