Cerca ya de medianoche, en esas horas en que todo se vuelve dolorosamente nítido o angustiosamente desdibujado.
domingo, 26 de agosto de 2012
Noté el suave suelo de madera en las rodillas y luego en las palmas de mis manos, y al final, apretado contra la piel de mi mejilla. Esperaba poder desmayarme pero, para mi desgracia, no perdí la conciencia. Las oleadas de dolor, que apenas me habían rozado hasta ese momento, se alzaron, y barrieron mi mente, hundiendome con su fuerza. Y no salí a la superficie.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario