"Un día, ya no se sabe cuándo ni cómo, en uno de esos encuentros, entre las sábanas revueltas de un hotel, él dijo que la quería. Lo dijo con esa voz adormecida que a ella le gustaba tanto (y que la hacía pensar en cigarrillos, aunque ninguno de los dos fumara, y en café, aunque ninguno de los dos tomara café), y sopesó esas palabras sintiendo pánico y felicidad, pánico y triunfo: pánico. Y dijo (porque hay un momento para decir esas cosas, y ese momento es siempre un momento frágil, pasajero) que ella también lo quería, y se sintió sincera pero irresponsable, la protagonista de una película absurda. Ese día ella lloró abrazada a él, pero él no lloró, y entonces ella ya no volvió a llorar. Así es como, a veces, se dirimen las cosas."
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