miércoles, 9 de mayo de 2012

Cuando siento frío, me recorre una gran cantidad de ira por todo el cuerpo, ¿ira?, pregunta una de mis voces, a lo que respondo, si… ira. Siento como si dentro de mi vivieran millones de liliputienses, que despiertan agitados y furiosos, cada vez que llega el frió. Se incomodan, alborotan mi piel, la erizan, la vuelven de gallina, la llenan de relieve, de pequeños puntos redonditos, asumo que eso que veo deben de ser sus  millones de cabecitas que se estiran y se chocan contra mi piel, esa “cosa” que los aísla de la superficie, que yo conozco y ellos no. ¡La irá del frío me hace sentir viva! Mi frío, es una oleada de cabecitas de gente molesta que se agita dentro de mi dermis y mi epidermis, ahí en mi universo viven mis liliputienses, que se quejan siempre cuando sienten que la muerte está cerca. Mi cuerpo sabe muy bien como quejarse de la muerte, como buena materia sin sentido, es una de las cosas que mejor sabe hacer.  

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