martes, 8 de mayo de 2012

Se disiparon las luces y todo quedo perfectamente negro, como la noche pues es mucho más bella y mucho más eterna, como sus ojos negros, como sus cabellos negros, como sus uñas negras, como el café negro que se derrama lentamente por sus labios y mis ojos la miran allí sentada, en la sombra, iluminada por la sombra, amada por la sombra, sostenida en toda su inmensidad.
Tan niña, tan callada, tan silenciosa, tan ella, tan distante, tan cerca, tan allá, tan acá.
R. Moran, Corazón loco, loco corazón.

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