martes, 6 de marzo de 2012

"¿Te das cuenta de que te extraño? Pese a mi capacidad de adaptación, que no es poca, ésta es una de las faltas a las que ni mi ánimo ni mi cuerpo se han acostumbrado. Al menos, hasta hoy. ¿Llegaré a habituarme? No lo creo. ¿Vos te habituaste?"
Mario Benedetti
Forever Reblog :(
"…yo ya era así antes de que tú llegaras, caminaba por las mismas calles y comía las mismas cosas. Incluso antes de que llegaras yo ya vivía enamorada de ti y a veces, no pocas, te extrañaba como si supiera que me hacías falta."

"Quedamos en vernos pronto. Me dio vergüenza decirle que deseaba verla al otro día o que deseaba seguir viéndola allí mismo y que ella no debería separarse ya nunca de mí."

lunes, 5 de marzo de 2012

¿Y qué amaré sino lo que es enigma?


Párvulo era frente de ella, después de todo sentía que me quería cerca, y yo quería estar cerca. No concluí después de meditar mis actos, besarla podría resultar descortés para una primera cita. Sus ojos me iluminaban y no podía parar de mirarla, su cabello perfumaba la noche, era el perfecto complemento para una luna tan hermosa (porque la luna siempre es hermosa cuando se está con la compañera indicada). Escuchaba sus palabras mientras sentía como, una a una, se incrustaban en mis oídos, y yo quería saber más de ella.Tiempo atrás ya había deducido que era una dama bastante inteligente y yo tenía miedo de resultar estúpido ante su mirada. Pareciera mentira, pero, muchas veces, la primera impresión  se adueña de la gente, así que muchos se comportan como inspectores cuando conocen a alguien nuevo, con ojos fieros escrudiñan cada acto que a su víctima le precede -y mi timidez al sentirse observada ocasionaba que mi cuerpo se entumiera y dejara de articular palabras, en el mejor de los casos- pero esta vez no, esta vez estaba decidido; quería estar con ella, dormir con ella, deseaba abrazarla hasta perderme en un largo sueño y al levantarme verla a mi lado.  No pretendía ser alguien diferente, no quería comportarme como el clásico don Juan, así que no intenté seducirla. Mi mirada dijo lo que quería, sus palabras lo entendieron y como rosas acariciaron mi cuerpo, me sentí querido, y a ella la sentí más hermosa que nunca.

A ti que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.


“No voltees, no lo mires, no te asustes, que de eso me encargo yo. Yo soy la que me asusto por ti, déjame ser yo quien soporte el miedo que tú deberías cargar para que puedas huir, para que puedas continuar acompañándome en esos momentos en que solo tú puedes hacerlo.”

domingo, 4 de marzo de 2012

“¿Recuerdas cuando vivíamos en París? Los gatos caminaban delante de tí y parecían envidiar tu andar de venado, yo te miraba de reojo, te ignoraba para verte rabiar, siempre fuiste una niña, siempre fuiste loca, me dijiste muy solemne -un día te voy a matar- por eso me quede contigo Maga, aún no lo cumples pero sé que lo harás, siempre cumples lo que pareces olvidar…”
Julio Cortázar.
A veces, cuando llego a distraerme unos minutos, siento, de repente, que voy a recordar. La sola idea del dolor por venir me aprieta el corazón. Y junto mis fuerzas para resistir su embestida, pero el dolor llega, y me muerde, y entonces grito, grito despacio para que nadie oiga..
María Luisa Bombal 

y pienso que en algún lugar de la ciudad, por una onda que cruza el aire, debes intuir que aquí estoy.

Pienso en ti muy despacio, como si te dibujara dentro de mí y quedaras allí grabado. Quisiera tener la certeza de que te voy a ver mañana y pasado mañana y siempre en una cadena ininterrumpida de días; que podré mirarte lentamente aunque ya me sé cada rinconcito de tu rostro; que nada entre nosotros ha sido provisional o un accidente. 
Elena Poniatowska

sábado, 3 de marzo de 2012

si, esa que llamas mi sonrisa perfecta es la que tengo despues de uno de tus besos..

Te beso, te beso, te beso, no puedo dejar de besarte, no quiero que el tiempo nos robe nuestros besos, quiero que tu y tus besos me acompañen siempre, que cuando la injusticia llegue a nuestra puerta simplemente se vaya, que no soporte ver un amor tan unido, tan apasionado, tan besado.. Ven y siéntate a mi lado, ven y abrázame tan fuerte que me harás olvidar todo lo que no seas tu, ahora entiendo que ayer me estaba preparando para ti, ayer sabia que tanta locura encajaría perfectamente contigo, ya no le tengo miedo a mi futuro, estas allí y es lo único que debo saber.
Ven, me conformo con que me beses cinco minutos mas y cinco mas y cinco mas y cinco mas.. 
Dibi

viernes, 2 de marzo de 2012

Justo cuando juraste marcharte, me entraron ganas de que te quedaras…

- Muchas gracias. Me encantaría.
No quiero bailar. No quiero bailar con nadie. Y aunque quisiera, no sería ni mucho menos con él. Estaría entre los últimos diez de la lista. He visto la manera en que baila; parece lo que se hace la noche de San Walpurgis. Imagínate, no hace ni un cuarto de hora que estaba aquí sentada y sentía mucha pena por la pobre chica que bailaba con él. Y ahora seré yo, la pobre chica. Ay, ay, que pequeño es el mundo.
Y además es un mundo fantástico. Un auténtico paraíso. Lo que pasa es tan fascinadoramente imprevisible… Yo estaba aquí, sin meterme donde no me pedían, sin hacer daño a nadie. Y entonces él entra en mi vida, todo sonrisas y urbanidad, para rogarme que le conceda una mazurca memorable. Caramba, si difícilmente sabe como me llamo, y no hablemos de qué significa mi nombre. Significa desespero, perplejidad, futilidad, degradación y asesinato premeditado, pero él sabe muy pocas cosas. Yo tampoco sé como se llama; no tengo ni idea. Sospecho que Jukes, por su mirada. ¿Como está, Señor Jukes? ¿como está su hermano pequeño, el de las dos cabezas?
Ah, ¿Por qué tenía que venir a solicitarme cosas bajas? ¿Por qué no podía dejar que hiciese mi vida? Pido tan poco… sólo que me dejaran sola en mi rincón silencioso de la mesa, para poder pensar en mis penas como cada noche. Y ha tenido que venir él, con sus reverencias, y sus me-concede-este. Y yo voy y le digo que me encantaría bailar con él. No entiendo por qué no he caído muerta en el acto. Sé, caer muerta sería como ir de excursión al lado del esfuerzo de bailar con este chico. Pero, ¿que podía hacer? En la mesa todos se habían levantado para bailar, excepto yo y él. Estaba atrapada. Atrapada como una trampa en una trampa.
¿Qué puedes decir cuando un hombre te pide para bailar? No bailaré de ningún modo contigo, antes nos veremos en el infierno. Gracias, me gustaría muchísimo, pero tengo las contracciones del parto. Oh, sí, bailemos, es tan agradable conocer un hombre que no tiene miedo que le contagie el beri-beri. No, no podía hacer nada, aparte de decir que me encantaría. Bien, vale más que empecemos. De acuerdo, bala de cañón, corramos por el campo. Has ganado el sorteo, tú guías.
- Pues me parece que en realidad es un vals, ¿no? Podríamos escuchar un segundo la música, ¿eh? Oh, sí, es un vals. ¿Si me molesta? simplemente me entusiasma. Me encantaría que bailásemos un vals.
Me encantaría que bailásemos un vals. Me encantaría que bailásemos un vals. Me encantaría que me quitaran las amígdalas, me gustaría encontrarme en un incendio a media noche y en alta mar. Bien, ahora es demasiado tarde. Nos ponemos en marcha. Oh. Oh, ostras, ostras, ostras, ostras. Oh, hasta es peor de lo que me pensaba. Supongo que es la única ley que no falla nunca en esta vida: todo es siempre peor de lo que te pensabas. Oh, si hubiera tenido una idea real de como sería este baile habría insistido en no bailarlo.
Probablemente al final será lo mismo. Si continúa así, de aquí a un momento estaremos sentados en el suelo y tendremos que terminar.
Estoy muy contenta de haberle hecho notar que esto que tocan es un vals. Quien sabe que habría pasado si se hubiese pensado que era una cosa rápida; nos habríamos cargado las paredes del edificio. ¿Por qué siempre quiere estar donde no esté? ¿Por qué no nos podemos quedar en un sitio el tiempo suficiente para aclimatarnos? Esta prisa, prisa, prisa constante, la maldición de la vida americana. Es por esto que todos estamos… ¡Ay! por el amor de Dios, no me des una patada, idiota; solamente estamos en el segundo down. Oh, la pierna. Mi pobre, pobre pierna, que tengo desde que era pequeña.
- Oh, no, no, no. Dios mío, no. No me hecho nada de daño. Y de todas maneras ha sido por mi culpa. Y tanto que si. De verdad. Bien, eres muy amable, diciendo eso. Realmente solo ha sido culpa mía.
No se que es mejor que haga: matarlo ahora mismo, con mis propias manos, o esperar y dejar que caiga reventado. Quizás es mejor no hacer una escena. Me parece que intentaré pasar desapercibida y miraré como el ritmo le envía al otro barrio. No puede seguir así indefinidamente, solamente es de carne y huesos. Pero debe morir, y morirá, por lo que me ha hecho. No quiero ser muy susceptible, pero que no me digan que la patada no estaba premeditada. Freud dijo que no había accidentes. Yo no he vivido precisamente enclaustrada. He conocido parejas de baile que me han destrozado las zapatillas y me han roto el vestido, pero cuando se trata de dar patadas, soy Feminidad Ultrajada. Cuando me da una patada en la pierna, sonríe.
Quizás no lo ha hecho con malicia. Quizás es la manera que tiene de demostrarme su entusiasmo. Supongo que debería estar contenta de que uno de los dos se lo pase tan bien. Supongo que me debería considerar afortunada si me devuelve viva. Quizás es ser muy exigente exigir que un hombre que es prácticamente un desconocido te deje las piernas tal y como las ha encontrado. Después de todo, pobre, lo hace tan bien como puede. Es probable que se criara en el campo, y que nunca haya ido a la escuela. Seguro que tenían que sentarlo para atarle los zapatos.
- Si, es fantástico ¿eh? Es simplemente fantástico. Es el vals mas fantástico, ¿no? Oh, yo también creo que es fantástico.
Caramba, verdaderamente cada vez me siento mas atraída por la triple amenaza. Es mi héroe. Tiene un corazón de león, y la fuerza de un búfalo. Míralo: nunca piensa en las consecuencias, nunca le asusta la cara que tiene, se lanza a cualquier pelea, los ojos brillantes, las mejillas encendidas. ¿Y se puede decir que yo me quedo atrás? No y mil veces no. ¿Y a mi qué si he de pasar los próximos dos años enyesada? ¡Venga, forzudo, adelante! ¿Quién quiere vivir eternamente?
Oh, ostras, ostras. Oh, no se ha hecho nada gracias a Dios. Por un momento he pensado que lo habrían de retirar de la pista. Ah, no soportaría que le pasara nada.
Lo amo. Es la persona que más amo del mundo. Mira que espíritu que pone, en un vals aburrido y vulgar; que amanerados que parecen el resto de bailadores a su lado. Es la juventud, el vigor, el coraje, es la fuerza, la alegría, y… ¡Ay! No me pises el pie, ¡idiota! ¿Que te crees que soy? ¿Una plancha? ¡Ay!
- No, claro que no me has hecho daño. Nada de nada. De verdad. Y ha sido culpa mía. Este pasito que haces… bien, es fantástico, pero al principio es un poco complicado de seguir. Oh ¿lo has inventado tú? Si, ¿de verdad? ¡Eres admirable! Me parece que ya lo he cogido. Me parece que es fantástico. Antes, cuando bailaba, miraba como lo hacías. Es terriblemente eficaz cuando lo miras.
Es terriblemente eficaz cuando lo miras. Seguro que soy terriblemente eficaz cuando me miras. Tengo los cabellos que me cuelgan en las mejillas, se me ha enredado la falda, siento el sudor frío en la frente. Debo parecer salida de “La caída de la casa Usher”. Una mujer de mi edad destrozada, bailando así-.
Y él mismo, con su astucia de degenerado, ha perfeccionado el pasito. Y al principio era un poco complicado, pero ahora me parece que ya lo tengo. Dos pasos, resbalar, y carrera de veinte yardas; si, ya lo tengo. También tengo unas cuantas cosas más, incluyendo un hueso roto y el corazón amargo. Detesto esta criatura a la cual estoy encadenada. Lo detesto desde el momento que he visto su cara lasciva y bestial. Y he estado prisionera de su abrazo pernicioso durante los treinta y cinco años que hace que dura este vals. ¿Es que esta orquesta no parará nunca de tocar? ¿O es que esta parodia de baile indecente ha de continuar hasta que el infierno se queme?
- Oh, tocarán otro bis. ¡Que bien! Es fantástico. ¿Cansada? Creo que no. Me gustaría seguir así por siempre.
No creo que esté cansada. Solamente estoy muerta.
Muerta, ¡y por que causa! Y la música no se parará nunca, y seguiremos así, los dos, Double time Charlie y yo, durante toda la eternidad. Supongo que después de los primeros cien mil años ya no será igual. Supongo que entonces nada no importará, ni el calor, ni el sufrimiento, ni la pena, ni una fatiga cruel y dolorosa. Bien, por mí ya deberíamos estar.
No sé porque no le he dicho que estaba cansada. No sé porque no le he sugerido que volviéramos a la mesa. Habría podido decir escuchemos la música y ya está. Sí, y sería la primera vez que la escucharía en toda la noche. George Jean Nathan dijo que los ritmos fantásticos de los valses se deberían escuchar en calma y sin acompañarlos de extraños movimientos giratorios del cuerpo humano. Creo que fue esto lo que dijo. Creo que lo dijo George Jean Natha. En fin, dijera lo que dijera, fuera lo que fuera, y haga lo que haga ahora, esta mejor que yo. Eso seguro. Todo el mundo que no está bailando un vals con este campesino que tengo aquí, se lo está pasando bien.
De todas maneras, si hubiera vuelto a la mesa probablemente habría tenido que hablarle. Míralo; ¿que se le podría decir a una cosa así? ¿Has ido al circo este año? ¿Cuál es el helado que más te gusta? ¿Como se escribe la palabra gato? Me parece que estoy bien aquí. Tan bien como si estuviera dentro de una hormigonera en plena acción.
Ahora ya he dejado de sentir. El único modo de adivinar cuándo me pisa es por el ruido de huesos fracturados. Y ante mis ojos pasan todos los acontecimientos de mi vida. Recuerdo aquella vez que estuve en huracán en las Antillas, y aquel día en que me partí la cabeza cuando chocó el taxi, y aquella noche en que la dama borracha le lanzó un cenicero de bronce a su amor verdadero y en vez de darle a él me dio a mí, y aquel verano en que el barco zozobró. Ah, que tiempos tranquilos y sosegados los míos hasta que fui a toparme con don Veloz. No sabía lo que eran los problemas hasta que me vi arrastrada a esta danse macabre. Creo que empiezo a divagar. Casi tengo la impresión de que la orquesta va a dejar de tocar. Imposible, claro; nunca, nunca sucederá. Sin embargo, en mis oídos hay un silencio como el sonido de voces angelicales…
Oh, han dejado de tocar, los muy perversos. Ya no tocarán más. ¡Qué rabia! Oh, ¿le parece que lo harían? ¿De veras le parece que seguirán si les da veinte dólares? Oh, sería maravilloso. Ah, y pídales que toquen la misma pieza. Sencillamente me encantaría seguir bailando este vals.
Dorothy Parker

jueves, 1 de marzo de 2012

Lo describiría en dos palabras pero no me atrevo  a hacerlo. Solo digo, que me encanta ese lunar, el desorden de su pelo, y sus ojos color miel, esos perfectos ojos color miel. Es que en verdad debo decirlo, que no hay nada que me atraiga mas que su mirada. O quizá si lo hay, y es su increíble personalidad extraña, idéntica a la mía. Por lo menos me hace sentir menos loca de lo solía pensar que era.
Se que suena obsesionado, un poco tosco y nada reservado, agregar que lo encuentro exquisito hasta el punto limite de mi gusto. Me encanta su sonrisa, su voz. Incluso, adoro verlo pasar en bicicleta justo en frente de mi casa, antes de que el reloj marque las 6. Que mejor manera de empezar el día!
                                                                         Lf
Por favor, Dios mío, haz que me telefonee ahora. Oh, Dios, que me llame. No te pediré nada más, te lo prometo. Me parece que no es pedir demasiado. Te costaría tan poco, Dios mío, concederme esa pequeñez, que me telefonee ahora mismo, nada más. Por favor, Dios mío, por favor te lo ruego. Si no pensara en ello, tal vez sonaría el teléfono, como sucede a veces. Si pudiera pensar en otra cosa, lo que fuera. Quizá si contara hasta quinientos de cinco en cinco, el timbre sonaría cuando terminara. Contaré lentamente, no quiero hacer trampa, y si suena cuando llegue a trescientos no pararé; no responderé hasta llegar a quinientos. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta... Por favor, que suene, por favor. Añadió que me telefonearía. No tenía, necesidad de decir eso. No se lo pedí, de veras. Estoy segura de que no se lo pedí. No creo que dijera que me llamaría sin intención de hacerlo. Por favor, Dios mío, no le dejes hacer eso. No, por favor.... Por favor, Dios mío, permite que vuelva a verle, te lo ruego. Le quiero tanto, tanto... Sé bueno, Dios mío, procuraré ser mejor, lo seré, si me permites verle de nuevo, si haces que me telefonee. Oh, señor, haz que me llame ahora, haz que ese hombre me telefonee ahora! Esto debe terminar, no debo comportarme así. Un hombre joven le dice a una chica que la llamará, pero luego sucede algo que se lo impide. No es tan terrible, ¿verdad? Es algo que ocurre en todo el mundo, en este mismo instante. Pero, ¿qué me importa a mí lo que suceda en todo el mundo? ¿Por qué no ha de sonar ese teléfono? ¿Por qué no, a ver, por qué no puedes sonar? Por favor, hazlo de una vez, feo, reluciente y condenado trasto. Unos timbrazos no van a hacerte daño, ¿o sí? Maldito seas, arrancaré tus asquerosas raíces de la pared, romperé tu presumida y negra cara en mil pedazos. Vete al infierno. No, no, no. Ya está bien.
He de pensar en otra cosa. Eso es lo que haré. Llevaré el reloj a la otra habitación y así no podré mirarlo.
Si es inevitable que lo consulte, entonces tendré que levantarme e ir al dormitorio, y así tendré algo que hacer. Es posible que él me llame antes de que vuelva a mirar la hora. Si me llama, seré muy dulce con él. Si dice que esta noche no podemos vernos, le diré: «No te preocupes, querido. De veras, puedes estar tranquilo, lo comprendo.»
Contaré hasta quinientos de cinco en cinco, y si cuando termine no me ha llamado sabré que Dios no va a ayudarme, que no lo hará nunca más. Ésa será la señal. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta, cincuenta y cinco... No debo. No debo hacer esto. A lo mejor retrasa un poco su llamada... Eso no es motivo para que me ponga histérica. Quizá no llame, puede que venga aquí directamente sin telefonear. Se enojará si ve que he estado llorando. No les gusta que llores. Él no llora nunca. Ojalá pudiera hacerle llorar. Ojalá pudiera hacerle llorar y pasear de un lado a otro de la sala y sentir una opresión en el pecho, una herida enconada en el corazón. Ojalá pudiera causarle una herida así. Él no me desea eso. Me temo que ni siquiera sabe lo que siento. Ojalá pudiera saberlo sin que yo se lo dijera. No les gusta que les digas que te han hecho llorar, que eres desgraciada por su culpa. Si les dices eso, piensan que eres posesiva y cargante. Y entonces te aborrecen. Te detestan cuando les dices lo que realmente piensas. Siempre tienes que hacer un poco de comedia. Creí que en nuestro caso no era necesario, pensé que lo nuestro era muy serio y podía expresar abiertamente lo que quisiera. Supongo que eso nunca es posible, que la relación nunca es tan seria como para admitir una sinceridad absoluta, esto es una estupidez. Es estúpido desear que alguien esté muerto sólo porque no te ha llamado cuando dijo que lo haría, a lo mejor confía en que sea yo quien llame. Podría hacerlo. Podría telefonearle. No debo hacerlo, no, no, no. Dios mío, te lo suplico, no me dejes telefonearle. Evita que haga tal cosa. Sé, Señor, lo sé tan bien como tú, que si estuviera preocupado por mí me llamaría desde dondequiera que se encuentre y sin que le importara quién estuviera presente. No permitas que siga alimentando esperanzas. No me dejes decirme cosas consoladoras. No me dejes seguir esperando, Señor, te lo ruego.
No le telefonearé sabe dónde estoy. Sabe que le estoy esperando aquí. Está tan seguro de mí, tan seguro... Quisiera saber por qué te aborrecen en cuanto están seguros de ti. Parece más lógico pensar que esa seguridad es muy agradable.Sería muy fácil telefonearle. Entonces lo sabría. Quizá no sería tan estúpido hacer eso, tal vez a él no le importaría. A lo mejor le gustaría. Es posible que haya intentado ponerse en contacto conmigo. A veces alguien intenta comunicarse contigo una y otra vez y luego te dice que no ha obtenido respuesta. No lo digo sólo para tranquilizarme; son cosas que ocurren de veras. Sabes que eso ocurre realmente, Señor. Oh, Señor, no permitas que me acerque a ese teléfono. Manténme alejada. Déjame conservar un ápice de orgullo. Creo que voy a necesitarlo, Dios mío. Creo que eso será todo lo que tendré.
Pero, ¿qué importa el orgullo si no puedo soportar no hablar con él? Ese orgullo es algo tan necio y mezquino... El orgullo auténtico, el gran orgullo, radica en carecer de orgullo. No digo esto sólo porque quiera llamarle. De ninguna manera. Es cierto, sé que lo es. Voy a ser grande, voy a estar más allá de los orgullos mezquinos. Por favor, Dios mío, no me dejes telefonearle, te lo ruego. No veo qué tiene que ver el orgullo con esto. Es algo demasiado trivial para que haga intervenir el orgullo, para que arme tanto alboroto. Es posible que no le haya entendido bien. A lo mejor me dijo que le llamara a las cinco. «Llámame a las cinco, cariño.» Es muy probable que haya dicho eso. Es posible que no le haya oído bien. «Llámame a las cinco, cariño.» Estoy casi segura de que eso es lo que dijo. Dios mío, no permitas que hable conmigo misma de esta manera. Házmelo saber, por favor, sácame de dudas. Pensaré en alguna otra cosa. Me quedaré sentada, sin moverme. Si pudiera permanecer sentada e inmóvil... Tal vez podría leer, pero todos los libros tratan de seres que se aman, fiel y dulcemente. ¿Para qué querrán escribir sobre eso? ¿Es que no saben que no es cierto? ¿No saben que es mentira, un condenado embuste? ¿Para qué tienen que hablar de eso, cuando saben cómo duele? Malditos, malditos sean. No lo haré. Me quedaré quieta. No hay motivo para que me excite. Mira: supón que él fuese alguien a quien no conoces demasiado bien, supón que fuese otra chica. ¿Qué harías entonces? Sencillamente, le telefonearías y preguntarías: «Aún te estoy esperando. ¿Qué te ha ocurrido?». Eso es lo que haría, sin pensarlo dos veces. ¿Por qué no puedo actuar con naturalidad, tan sólo porque le quiero? Puedo ser natural. Sinceramente, puedo serlo. Le llamaré, y seré natural y agradable. Verás como sí, Señor. Oh, no permitas que le llame, no, no, no.
Vamos a ver, Señor, ¿de veras no vas a hacer que me llame? ¿Estás seguro, Dios mío? ¿No podrías tener la amabilidad de ablandarte un poco? ¿No podrías? Ni siquiera te pido que le hagas telefonearme ahora mismo. Haz que lo haga dentro de un rato, Señor. Contaré hasta quinientos de cinco en cinco. Lo haré lentamente, sin trampas. Si cuando termine no me ha telefoneado, le llamaré yo. Lo haré. Por favor, Dios mío bendito, mi Padre celestial, haz que me llame antes de que termine. Te lo ruego, Señor, por favor.
Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco...
Dorothy Parker.

Hola extraño, te reserve un lugar y ahora que he visto tu rostro..

..Ya no me pareces extraño.
Te vi en cuanto cerré mis ojos. La música dibujó un velo negro en el que se figuró tu rostro. Eras hermosa, eras una imagen oscura bien definida por tus facciones de mujer. Sin mirada, tus ojos más negros que el mismo velo en el cuál te formabas. Te grabé en mi memoria para después plasmarte y no olvidarte nunca. Te amé por razones íntimas, razones que mis ojos cegaban pero mi pecho conoce a la perfección. Por unos segundos me asusté, después comprendí lo que eras. Una ilusión de mi interior, solo una reflexión de lo que hay dentro de mí. Escuché que dijiste algo, con una suave voz que me convenció de que lo dicho era cierto. Recordé entonces los momentos en los que fuimos uno. Breves instantes en los que pudimos fusionarnos y ser plenos. Me amas, y aunque yo siento igual, no sé cómo volver contigo. Dame pistas, mi amor, para ser tuyo una vez más. Entonces una luz iluminó la cortinas de mis párpados y me dio la respuesta. Con tus ojos oscuros y vacíos como objetivo, planeo alcanzarte y endulzar esa mirada sin luz.
De nuevo.