
Cerca ya de medianoche, en esas horas en que todo se vuelve dolorosamente nítido o angustiosamente desdibujado.
martes, 4 de diciembre de 2012
domingo, 2 de diciembre de 2012
Era como si le hubieran robado exactamente la mitad de casi todo. Quedaban la mitad de los libros, la mitad de los CDs, la mitad de las películas, la mitad de su vida. La otra mitad se la había llevado él, aprovechando su ausencia. Se sentó en su mitad de sofá y contempló lo vacía que había quedado la otra mitad de su existencia. Y se volvió a preguntar por qué nos empeñamos en llenarla siempre con otra persona.
Nunca he estado aquí. Nunca nada ha sido mío. Ese ajedrez atormentado que me aguarda jamás ha enfrentado conmigo una partida. Esas ciudades sumergidas en la niebla. Esos libros amargos que aguardan los secretos. Ese espejo sin fondo donde permanecen vivas todas las imágenes. Todo este universo, y los otros universos, todo es ilusorio y no me pertenece. En esta ausencia pura que me cubre, sólo tu cuerpo enamorado es existencia.
La verdad es que no te quiero ya, que no me provocas ni la más mínima emoción, ni el más mínimo sentimiento, que ya no me da por analizar tus palabras a las dos de la madrugada y repetir una y otra vez nuestras conversaciones en mi mente, que ya ni siquiera tengo deseos de ahogarte en alcohol y tu recuerdo se ha vuelto tan volátil como el humo… la gran verdad es que mentí.
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