domingo, 2 de diciembre de 2012

Era como si le hubieran robado exactamente la mitad de casi todo. Quedaban la mitad de los libros, la mitad de los CDs, la mitad de las películas, la mitad de su vida. La otra mitad se la había llevado él, aprovechando su ausencia. Se sentó en su mitad de sofá y contempló lo vacía que había quedado la otra mitad de su existencia. Y se volvió a preguntar por qué nos empeñamos en llenarla siempre con otra persona.

Supongo que puedo decir que podría malacostumbrarme a ti. Así que maledúcame con tus manías, consiénteme con tus caricias, manifiéstame con tu agonía, estírame las sonrisas; por fin, haz que vuelvan las termitas de la taquicardia a hacerme cosquillas en el alma. Exáltame el amor.

"-Bueno, mujer- Dije con voz firme, me volví otra."

Enajenación absoluta. Como si me hubiera ido de vacaciones dejando mi cuerpo abandonado, o mejor, como si mi cuerpo se erigiera en único dueño de mí misma. No obstante, no quiero morir. Quiero continuar viviendo y mintiendo. Todo lo verdadero se realiza cuando yo no miro, o cuando me doy vuelta.

No sé cuánto podré esperar porque el tiempo mío también cuenta; sé que los corazones giran, que a veces todo se complica en la mente: la mente es capaz de crear sus propios enigmas con la sola intención de atormentarse.

Y, francamente, hay corazones que no me atraen.

Nunca he estado aquí. Nunca nada ha sido mío. Ese ajedrez atormentado que me aguarda jamás ha enfrentado conmigo una partida. Esas ciudades sumergidas en la niebla. Esos libros amargos que aguardan los secretos. Ese espejo sin fondo donde permanecen vivas todas las imágenes. Todo este universo, y los otros universos, todo es ilusorio y no me pertenece. En esta ausencia pura que me cubre, sólo tu cuerpo enamorado es existencia.

Para qué escribe uno si no es para juntar sus pedazos.

Eso de mirar a una mujer adorándola a la distancia. No sé. Supongo que, cuando no se pueden decir las cosas, las miradas se cargan de palabras.

- Sabés, es tan difícil decirte: Te quiero. Tan difícil ahora.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida.

La verdad es que no te quiero ya, que no me provocas ni la más mínima emoción, ni el más mínimo sentimiento, que ya no me da por analizar tus palabras a las dos de la madrugada y repetir una y otra vez nuestras conversaciones en mi mente, que ya ni siquiera tengo deseos de ahogarte en alcohol y tu recuerdo se ha vuelto tan volátil como el humo… la gran verdad es que mentí.