viernes, 2 de noviembre de 2012

Para sobrevivir a tu ausencia, soy tan inocente que pienso que vos también notas la mía, te sentás enfrente del vacio y le pedís que tarde un poco más en irse. Pienso que vos también tenés miedo de levantarte y ya no acordarte que ahí estaba alguien. Y así, sin saber de vos, los días son menos pesados (lo que no quiere decir que esto sea fácil de soportar).

Mirá que tiene cosas que detesto, y que por esas lo mataría… Hay veces que lo mataría, pero sin embargo también veo las cosas buenas. Y son tan buenas, y tan difíciles de encontrar en otra persona que aplaca con todo lo demás.

Si, supongo que conformarse muchas veces no da resultado. Pero que puedo decir, se con experiencia que el camino que trecho se pondrá mejor. Ya lo he vivido, no creo que pueda convertirse en algo que no quiero a menos que lo piense, a menos que lo desee. Y muchos se preguntarán, cuando se ha visto que las segundas oportunidades importen, o que todas las cosas que queramos se cumplan. Pero estoy segura que lo que hemos pasado no fue coincidencia, así que el simple hecho de haberte encontrado entre letras nos da motivos para seguir caminando. Mientras tu me sostienes y yo te doy mis días, mis vacíos, mi sonrisa, mi corazón. 
Dibi

Hoy tuve viva, en mis manos, en mis piernas, en la cabeza, en el lunar, en todos los tatuajes, hoy me inundé, respiré y nadé en felicidad.

Sentir que la amo, que es mía, pero que la amaré incluso cuando sea de otro.

Entiendo que mi necesidad es él. Que sin dolor no existo, que me consume la melancolía.

Sobrevivo. Paso por alto lo negativo, lo reprimo, lo guardo en lo más recóndito de mi ser, lo convierto en mentiras, en historias de cosas que jamás pasaron. Junto memorias, me aíslo, me pierdo. Escribo. Fueron días candentes, calurosos y sin vida los que me dediqué a escribir, a relatar mis desventuras, mis secretos más íntimos. Me queda la tranquilidad de saber que no conté lo peor, que lo más oscuro se queda conmigo. Que es imprescindible contarlo todo, que puedo seguir viviendo.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Y pensaba que no habían momentos mas bonitos y agradables que los que pasaba sabiendo y aprendiendo sobre el, donde sus letras me decían donde se encontraba y lo mucho que llegaba a quererme. Y eran esos días donde dejaba de creer que pedazos míos no se encontraban perdidos en la calle, sino dentro de mi gritándole para ser hallados. Para ser salvados.

Dibi

Me llena de impotencia y dolor escuchar frases que se repiten. Que algunas de las cosas que me llenan de ilusiones sean las mismas que me desalientan. Que una persona pueda seguirme causando rechazo y amor al mismo tiempo. Que pueda seguir amando y odiando con similar intensidad a la misma persona.

¿Cómo puedo explicarle a alguien que dejo de escribir y no me acuerdo de quién soy?

No quiero estar sola mientras termino este texto, tengo mucho miedo de perderme y no saber cuál de mis versiones soy.

El proceso de escritura nos aísla: debemos concentrarnos y “vivir” en un mundo diferente del resto. Entramos en contacto, en mi caso, con personajes del pasado, con vivencias, recuerdos, archivos en la mente y nos olvidamos de qué día es o sobre qué estamos escribiendo.

Vuelvo a escribir después de algunos días de abandono. A veces los recuerdos surgen tan fuertes, tan prepotentes que tengo que calmarme y pensar (darme cuenta) que ya todo pasó, que no soy más aquello de lo que escribo. Me extraña y atemoriza saber que quizás sí soy aquello, una versión desmejorada de lo que fui.

Soy yo, entre la neblina buscando el camino de vuelta a ninguna parte.

Las cosas pierden identidad cuando él las toca, cuando él las visita, cuando él existe cerca.