Lo he estado pensando muy bien, no sé cuanta lluvia deberá caer para poder alejarte de mí. Me haces tanto bien. No lo olvido, la lluvia no es lamento, es transformación. Me pone en marcha. Me despierto. Estoy soñando y no quiero olvidarlo. La música de fondo me torna nostalgiosa, y sin querer queriendo añoro momentos que aún no han ocurrido, y pienso en bailar, y sé bailar, lo disfruto y me encanta. Estamos bailando. Me siento libre. El ritmo invade mi cuerpo y se escapa por mí piel. Sonrío mientras mí cabeza empieza a ladearse imitando a mis hombros y mis ojos te miran dulcemente. Y quiero un abrazo de esos que son interminables, de esos que hacen que los cuerpos se sientan fuertes y seguros. Los latidos de nuestros corazones se dan en simultáneo y como combustibles de nuestro ser aumentan el fuego y nos invade la pasión. Dejamos de abrazarnos, doy una vuelta y vuelvo a tus brazos. La pista es nuestra.
Y llueve adentro y afuera, me dejo empapar de las cosas simples y dejo que con algún beso me sorprendas. Y mientras sigo soñando por la ventana nos invade un viento mágico, que se lleva la soledad, me invita a volar sin despegar los pies del piso, y el tiempo se detiene. Sigo soñando y ya nada importa, este instante es eterno. No voy a despertar. ¿Y qué importa mañana? Hoy te tengo a mi lado.
Fernando Pessoa
Fernando Pessoa

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