A menudo cuando me recuesto no concilio el sueño de una vez, por lo general, suelo perderme en los confines de la imaginación, donde soy lo que se me viene en gana, donde las reglas las hago yo, donde mi sonrisa deslumbra a las mujeres y mi labia contiene o desata multitudes, donde el único limite son mis propios prejuicios, que dicho sea de paso, en ese mundo soñado, escasean. A veces voy perdiendo conciencia poco a poco, mientras trato de dilucidar el desdoblamiento del ser, en esas dos realidades, la consciente y la onírica, y sin embargo quien puede decirnos cual es la verdadera, como podemos estar seguros que cuando soñamos, no somos nosotros mismos en la realidad, y quien puede asegurarnos que esta “realidad” que aparentemente vivimos, no es mas que una estúpida pesadilla, de la cual alguna vez nos despertaremos y olvidaremos inmediatamente.

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