TE QUIERO. Dos palabras. Carmín sobre cristal, buena combinación. Los trazos sugerían prisa, la prisa sugería una larga noche previa y las noches con ella sugerían muchas cosas. En el aire flotaba aroma de café y ausencia, no hay hueco más difícil de rellenar que el de la almohada. Todo resultaba cruelmente familiar, la frontera violeta entre la noche y el día, el vaho de la ducha, la toalla anudada a la cintura y ese espejo. Ese espejo que devolvía su imagen atravesada por dos palabras. Habían llovido quince años, ella nunca volvió, no pudo volver... LA MUERTE. Dos palabras.

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