sábado, 14 de abril de 2012

Anna. Anna hermosa, Anna absurda, Anna loca. Anna, nuestro consuelo en este sitio salvaje. Anna, la de los ojos negros tolerantes e irónicos…

Nos sonreímos el uno al otro, mientras los rayos de sol se nos clavaban como agujas doradas y punzantes a través del espeso y verde ramaje del árbol. Lo que dijo entonces fue como una revelación. Porque yo me sentía permanentemente a oscuras, insatisfecho, atormentado por el sentimiento de no estar a la altura de las circunstancias. La insatisfacción me empujaba hacia perspectivas inalcanzables y la actitud mental descrita con las palabras estaba muy lejos de ser la mía. Me parece que por aquella época los demás no eran para mí más que apéndices de mis necesidades. Es ahora, al considerarlo retrospectivamente, cuando me doy cuenta de que en aquel tiempo yo vivía en una nebulosa brillante, cambiando y fluctuando de acuerdo a la volubilidad de mis deseos. Claro que esto no pasa de ser una descripción de lo que significa ser joven…
Doris Lessing

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