domingo, 1 de abril de 2012

Danzo con la vida, la invito a bailar, la abrazo sin excederme, la miro a los ojos y la respeto y la amo, al igual que adoro la mirada de una mujer enamorada. Eso es. Me gustaría estar en esa mirada, dentro, siempre, ser su sueño, hacer que se sienta preciosa y única cómo la gota de rocío que por la mañana ilumina de repente el pétalo de una violeta.
Federico Moccia.

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