viernes, 20 de abril de 2012

Ella todavía me quiere y nunca querrá a otro. No me guarda rencor porque entre personas que se han querido de verdad no puede haber nunca verdadero odio. Puede haber rabia o deseo de venganza; pero odio de verdad, ese odio tenaz y calculador que espera únicamente el momento de desencadenarse... no, eso es imposible. Ella sigue viva, puede que ya ni me espere. Está viva y muere lentamente. Muere de una forma educada, delicada, tranquila, burguesa. Muere porque no puede darle a su vida un sentido nuevo, porque no puede vivir con la sensación de no tener a nadie que la necesite, porque es imposible vivir sin la certeza de que en el mundo hay una persona para la que se es imprescindible.
Sándor Márai. La mujer justa. 

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