Estoy muriendo. Estoy muriendo de una muerte lenta, callada, sin ruido. Estoy muriendo sin morir. Estoy llena de muertes. Muertes que pasan como sombras por mi rostro. Muertes que huyen y que nunca alcanzo. ¿Cómo alcanzar mi muerte única? ¿Cómo elegirla entre tantas muertes que me acosan? Estoy muriendo de la muerte como sola compañía, y la muerte penetra en mi casa, pisa mis alfombras, toca mis cristales, apaga mis campanas. Una muerte que me va desollando y va dejando en carne muerta mi carne viva. Estoy muriendo de una muerte espesa, violenta, una muerte que juega con mi aliento el juego de la muerte, y lo toma, y lo deja, lo desata y lo anuda, lo lleva a sus postrimerías, lo regresa a sus comienzos. Una muerte que me hiere sin sangre derramada y me va socavando lentamente las entrañas. Estoy muriendo… Y de pronto parece que la muerte alumbra. Que es solo sombra el sueño de la vida, que el aire de la vida es soplo muerto, vacuo estrépito del grito del amor. Que esta vestidura que palpita solo tiembla y se aquieta ceñida por la muerte. Y de pronto parece que ya no estoy muriendo. Que he alcanzado a la muerte sin morir.
Antonia Palacios
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